La Educación como signo de dignidad e igualdad
Los Reformadores insistieron en la necesidad de que la educación debía ser para todas las personas por igual “Cuando las escuelas florecen, todo florece”– Martín Lutero La reforma protestante resalto entre otras cosas la igualdad de las personas, la siguiente cuestión que resolver en aquella época era la gran falta de alfabetización de la mayoría […]
La Educación como signo de dignidad e igualdad

Los Reformadores insistieron en la necesidad de que la educación debía ser para todas las personas por igual

“Cuando las escuelas florecen, todo florece”– Martín Lutero

La reforma protestante resalto entre otras cosas la igualdad de las personas, la siguiente cuestión que resolver en aquella época era la gran falta de alfabetización de la mayoría de la población.

¿Cómo podía el pueblo leer la Biblia por sí mismo cuando la gran mayoría no podía leer ni escribir? Los Reformadores insistieron en la necesidad de que la educación debía ser para todas las personas por igual. Lutero mismo sostuvo que si la fe cristiana iba a sobrevivir y prosperar, esto dependería de que el pueblo estuviera bien educado.

El concepto de los reformadores de que todas las personas tenían derecho a la educación se extendía por lo tanto también a las niñas y mujeres. Ya en 1530 se abrió por primera vez una escuela para niñas en Wittenberg

Igualmente, en Ginebra, la educación para niños y niñas era sumamente importante para Juan Calvino ofreciéndose educación pública y gratis para ambos sexos, ilustrando así el principio bíblico de que para Dios todos somos iguales y no hace acepción de personas.

Los reformadores abrieron ya en esta época el camino para que las mujeres tuvieran acceso a muchas otras áreas de la sociedad en el trabajo y más allá de las labores de la casa.

Lutero, Calvino, Melanchton, Zwingli y Farrel insistieron en el papel central de la educación familiar dado que era la responsabilidad de los padres educar a los niños en la fe cristiana y ser fieles lectores de la Biblia.

La educación de la casa, era entonces completada con la educación que se daba en la escuela, cuya asistencia los padres debían asegurar para que fuera constante.

Lutero advertía a aquellos padres que no cumplían con este papel y recordaba a los padres a menudo sobre la necesidad de enviar siempre a los niños al colegio.

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